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viernes, 30 de diciembre de 2022

SA - Super Heroes

CT —Somos el Capitán Tormenta y él Niño Rayo, mi valiente aprendiz! Te daremos una lección, en el nombre de la justicia y la libertad.

NR —¡Así es! ¡Demosle una lección a este malvado!

Con estas palabras los adalides de la justicia, Capitán Tormenta y Niño Rayo, se abalanzan sobre el villano.

El Capitán Tormenta es conocido por su poderoso dominio de la electricidad y los rayos que arroja por sus extremidades, electrocutando o atontando a sus objetivos. Imbatible, temible. Obtuvo sus poderes tras años de exposición a la radioactividad de los transformadores de corriente de la provincia, agua de poso cargada de metales pesados y un relámpago que cayó en el momento oportuno. Luego de años de lucha contra el delito, le salvó la vida a un niño que había quedado huérfano. Era una noche de tormenta y otra vez, un oportuno rayo que cayó en ambos, copió sus poderes en el joven. Rápidamente se convirtió en su compañero de aventuras, el Niño Rayo.

Al día siguiente en el noticiero de las 12…

—Encontraron los cuerpos calcinados de los sujetos que se hacían llamar “Capitán Tormenta” y “Niño Rayo” a metros del Puente Pueyrredón. Este dúo decía ser súper héroes, un dúo dinamizado, hay quienes los acusaban de una relación homosexual y pedófila. Se sospecha que se trata de algún ajuste de cuentas o de una mafia local, algunos incluso hablan del comisario de la intendencia. La versión más fidedigna y que desde el canal sostenemos es que se habían electrocutado tratando de realizar un show de como ellos se definían, “súper héroes”. Ampliaremos. Y ahora el resultado de la lotería con Nicolás…

N— Gracias Rebeca. ¡Qué loco no, súper héroes, ja! Bueno, los números son en el primer lugar el 83, en el segundo el 31, en el tercero el 04…

Mientras tanto en la casa de Tebrasti…

H—¿Viste esos dos que se disfrazaban y decían que tenían súper poderes?

K—¿Los boludos esos que se electrocutaron? ¿Cómo se llamaban, el Capitan Rayo y el Niño Tormenta?

H—Al revés.

K—Estaban locos.

H—¿Por qué querían hacer justicia por mano propia?

K—Por que se creían que tenían súper poderes…

H—Lo dice un voluminoso sujeto que puede levitar y mover objetos con la mente.

K—Si realmente tuviesen los poderes que decían que tenían no andarían como dos boludos disfrazados dando discursos pomposos.

H—¿Qué tiene? Eran desprolijos, mediáticos, usaban disfraces y nombres ridículos, pero tenían buenas intenciones…

K—Muy ilusas intenciones. Aparte la forma en la que habían obtenido los poderes, no sé, muy ridículo. ¿Un transformador al que le pegó un rayo y se combinó con el agua contaminada de la provincia? Media población del conurbano debería tener súper poderes, che…

H—Eso es cierto, es ridículo pero… A lo mejor esconden la verdad de como obtuvieron los poderes por algún motivo. ¡Incluso puede haber una razón más ridícula que la que comentan!

K—¿Cómo obtuviste tus poderes de curador, Healer?

H—Fue loco… Estaba boludeando en San Telmo.

K—No tenías plata para la birra y no tenías un amigo con una consola.

H—Decía. Estaba en San Telmo y entré en un local de antigüedades. Me gustan ver esas cosas viejas, siento como si estuviese en…

K—El cuarto del tesoro de alguna mazmorra!

H—¡Sí, exactamente! Y entre todas las cosas me encontré una copa de peltre dañada y gastada, pero por algo que no podría explicar me gustó. O quizás por que podía comprarla, era lo único barato.

K—¿Sí tenías guita y no te habías comprado birra?

H—A veces tengo momentos de desvarío y gasto la guita en cosas boludas, como cuando me compré un avión transformer en el barrio chino, o cuando me compré un disco de vinilo de una película y resultó ser un cover nacional de trompetistas… Y bueno, me compré esa copa de mierda. Y como me había sobrado guita, una birra.

K—¡Claro que sí, jaja!

H—Y como era de esperar, me la tomé en la copa. Pero lo loco es que no tuve resaca, ni me afectó la cerveza. De ahí en más me fatigaba menos, cuando me golpeaba me curaba rápido, y lo que me hizo pensar que algo había de raro fue cuando me crucé en la calle un nene que se tropezó y se hizo mierda la rodilla. ¡Imaginate, lo quise socorrer y le toqué la pierna, y se curó! Y yo quedé así como “what the fuck”, y el nene no entendía y con lágrimas y un moco colgando me miró, y quienes me rodeaban me miraron, me sentí como cristo. Y salí corriendo del cagaso…

K—Y claro!

H—Hasta hoy no logro saber si el poder de “healer” estaba en la copa, o en la birra, hahaha!

K—¡Jajaja!

H—Y vos… ¿Cómo obtuviste tus poderes?

K—No sé, simplemente se despertaron. Un día estaba peleándome con unos pibes, más bien ellos me estaban molestando. Yo era muy chiquito, y muy gordo, y los niños pueden ser muy crueles… Y los lancé por el aire contra unos autos. Fue algo desagradable, pero fue un antes y un después en mi vida. Descubrí, como habrás descubierto vos, que no podemos ir mostrando nuestras capacidades extraordinarias libremente. Que nuestro mejor aliado es el anonimato y que ser “héroes” implica ser un blanco. De venganzas o peor, de algún gobierno conspiracionista, de esos que te encierran bajo tierra y te cortan en pedacitos para investigarte. Por eso, mi amigo, es que esos dos payasos no eran verdaderos “súper héroes”. ¡Por que habrían sido secuestrados por el gobierno o algo peor!

H—¡Y quien te dice que no hayan sido asesinados por alguna mafia en venganza, o por un gobierno, o que realmente esos cuerpos no sean de ellos y ahora mismo estén bajo tierra!

K—No quiero pensar en ello mejor…

H—Claro, mejor pensar que eran unos boludos jugando con un transformador para “recargarse”, como si fuese una linterna mágica de poder. ¡Deberíamos investigar el asunto!

K—No deberíamos hacer nada, no rompas las bolas, este mundo es demasiado oscuro como para que triunfen “los buenos”, y tampoco hay buenos. Nosotros no somos “los buenos”.

H—¿Qué somos?

K—Unos boludos con poderes y tiempo libre. Juguemos videojuegos mejor…

El sol baja lentamente, la oscuridad se extiende por el cuarto y mientras que las dos figuras solo son iluminadas por la pantalla, Tebrasti se levanta para observarlos como una madre consentidora.


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miércoles, 17 de agosto de 2022

SA - Perlas

 (advertencia - diálogo y exposición)

H —¿Cómo te fue en tu última misión?

P —Me pagaron.

H —¿Para quién fue el encargo?

P —Una vieja amiga.

T —¿Entonces fue para otra amazona del espacio?

P —Así es.

K —Nunca nos presentás a tus amigas alienígenas.

P —Ellas no entran al planeta. Este sistema estelar está en cuarentena, se los expliqué.

T —Le temen a la tiniebla encarnada, no los culpo. Si los humanos supiesen un décimo de la oscuridad que les cierne, usarían todos sus recursos para escaparse del planeta.

K —Para nada, sabemos que los millonarios fabricarían cohetes y abandonarían el mundo dejándonos a todos para que nos jodamos.

H —Irónicamente, los ricos y poderosos construyen bunkers bajo tierra.

T —Criptas con todas las comodidades…

H —¿Con qué te pagaron, una moneda extraterrestre?

K —Se suponía que los aliens eran seres superiores que no se sometían a los sistemas económicos humanos. Son todos capitalistas, acá y en el resto del universo!

P —No, no lo son. Hay toda clase de sistemas, pero en cualquier caso es necesario algún método de intercambio. Generalmente son comoditis, en lugares controlados se usa algo similar al bitcoin, para grandes transacciones se usa energía almacenada. Mi nación usa gaudis.

Entra Sirena silvando “In The Road Jack”…

K —¿Qué son los gaudis?

P —Perlas de gaudi mejor dicho. Son como unas ostras que fabrican perlas muy raras y hermosas, todas más o menos de similar tamaño. Son muy difíciles de replicar y es más fácil criar gaudis que materializar sus perlas. Las gaudis son propiedad del gobierno, todas ellas, y periódicamente emite perlas.

K —¿Te pagaron con perlas o con energía?

P —Con perlas. La célula de energía que rescaté valía unos quince goudis, pero a mi amiga le cobré solamente ocho, soy un amor de persona.

K —¿Qué otra cosa te dio?

P —Un poco de su jarabe alcohólico, es una maestra destiladora de licores.

S —Escuché perlas. ¿Las tenés encima? ¡Me encantan las perlas!

P —¿Estás loca? No andaría con gaudis encima, son muy valiosas. Esta casa y el alquiler de varios años se podría pagar con una perla. Además que en este mundo no me sirve de nada.

K —Estaría copado hacerse con una de esas ostras ponedoras de perlas.

S —Puedo conseguirles ostras si quieren.

K —¿Ostras gaudis?

S —No, pero ostras bonitas hacedoras de perlas!

H —¿Nunca intentaste hacerte con una de esas ostras?

P —Si tan solo lo intentara, sería buscada en toda la nación, y extraditada de otras naciones, y tendría que refugiarme en algún sistema lo suficientemente temible y marginal como para que no me busquen por años. El problema de fondo no es que alguien fabrique sus gaudis y tenga “dinero gratis”, el problema es que se descontrole la producción y baje el valor de las gaudis. Por eso es un crimen tan grave hacerse de una ostra gaudi.

T —¿No llegaste a robarte una?

P —No, y por suerte escapé del planeta central.

K —¿Por qué era tan valiosa esa célula de energía?

P —Permite que una nave tenga autonomía por muchos años, y mi amiga la perdió, uno de sus clientes se la llevó y más tarde se estrelló en este planeta. Un sujeto la encontró y le vendió sus servicios al gobierno de Rusia.

S —Quiero ver tus perlas la próxima vez que visite tu nave.

P —Son solo perlas, no son la gran cosa, valen mucho nada más. Es por que son difíciles de replicar.

T —¿Cómo es que es tan conocida la entidad oscura en la galaxia?

P —No es la única en toda la galaxia. Ese parásito está en muchos lugares y no se lo puede exterminar fácilmente. Si alguien se acerca lo suficiente termina como vos, pero trastornado, así que imaginate!

K —¿Cómo Tebrasti pero trastornado? No quiero conocer a alguien así.

T —Hay algunos en este mundo, en donde menos lo esperen.

H —¿Y tu familia en Europa? Sabes Pirata, Tebrasti dijo que habían otros Tebrasti en Europa. ¿No viste a ninguno?

P —Fue un viaje rápido.

T —Mi familia es discreta.

S —¿Cuándo fue la última vez que te viste con algún familiar?

T —Hace unos cinco años más o menos. Un Tebrasti que vive en Brasil.

P —Deja vu…

S —¿Por qué deja vu?

P —No importa. ¿Ese Tebrasti es como vos?

T —Es brasilero, habla portugués, baila salsa, pero no toma caipiriñas. Siempre está rodeado de al menos cuatro mujeres.

S —Me imagino a un líder kimbanda.

T —La imagen es correcta, Sirena, justamente es su estilo. Aunque no practica el kimbanda igualmente tiene sus devotos.

K —Podrías inventar tu propia secta en Argentina, unís parejas, matas gente por encargo, te asegurás un sequito de fieles para alimentarte.

S —¡Un sequito de chongos, Tebrasti! ¿No es tentador? Podrías compartirlos conmigo.

P —Llamaría mucho la atención y su familia es “discreta”.

K —¿Y por qué su primo brasilero tiene un harén entonces?

T —Lo tiene bien disfrazado. Yo podría hacer lo mismo pero no me interesa. No le veo el sentido. Atraería gente, algún día tendría que desaparecer, tendría obligaciones, ataduras. Así como estoy soy libre. Y eterno. Libre y eterno.

P —En el fondo sería aburrido.

S —¿En serio lo dicen? Chicos, a ver, teniendo la vida eterna podrían hacer todo tipo de cosas, podrían aprender a tocar muchos instrumentos, podrían recorrer todos los puertos del mundo, y de otros mundos.

T —Ver morir a los amigos, ver como pasan las modas y uno sigue igual y atado a una época extinta, sentirse acorralado. Algún día este mundo va a colapsar, las tinieblas lo cubrirán todo, o los hongos nucleares, muy pocos quizá abandonen el planeta. Probablemente me suicide antes de todo eso, o me vuelva totalmente loco.

H —¡Qué pesimista, hermano! También podrías construír cosas, influenciar miles de personas, con tu poder y tu eternidad podrías doblegar naciones, podrías ser un gran héroe o un gran villano.

T —También tu, curador de pacotilla. Podrías ponerte un culto como mano santa y guiar a los pueblos a un nuevo horizonte. ¿Por qué no lo haces? Por que te buscarían, te cazarían, te harían la guerra, y las multitudes no entenderían nada. Algunos te levantarían una estatua y otros intentarían matarte.

K —Por eso hay que mantener el perfil bajo, no hay que ser un “gran héroe”, simplemente hay que tener códigos.

P —Estoy de acuerdo con ello. En el fondo los seres cometen los mismos errores una y otra vez, acá y en resto del universo.

H —Pero dijiste que había todo tipo de civilizaciones, con todo tipo de organizaciones políticas, diferentes tipos de economías.

S —¡Todavía no he recorrido todos los puertos del mundo! Estoy varada en Buenos Aires por placer pero en cualquier momento puede que me vaya. ¡Y queda un universo por explorar! No se gasten divagando sobre destruir y erigir imperios. Salgan de sus casas, recorran el mundo, coman, beban y cojan sin parar hasta morir!

K —¡Amén por eso, Sirena!

H —No sé, creo que olvidamos algo. No hacemos nada pudiendo hacer todo… Sé que en algún momento nuestros caminos habrán de separarse, en el fondo tenemos diferentes motivaciones.

Las cinco caras se enfrían y son vencidas por los sonidos ambientales, un avión por el cielo, el sonido de un videojuego, alguien tomando un vaso de la mesa.

P —Disfrutemos de estos capítulos en nuestras vidas, amigos. No tenemos por qué dejarnos poseer por el vértigo de nuestros destinos y el futuro. Vivimos en el presente, somos el presente. Somos nosotros y convergemos en el mismo lugar por un rato. ¡Que ese rato valga la pena!

T —Pirata, eres conmovedora, me ruborizaría si tuviese vida, querida!

K —Sos una líder motivacional, podrías ser una Capitana Pirata!

S —Sí, una capitana de piratas amazonas intergaláctica.

H —Eso suena a una película clase “C” que me gustaría ver.

P —¡Bien! Este es el clima de nuestra “sociedad”. Bien… ¿Pedimos pizza?


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viernes, 12 de agosto de 2022

SA - Cada quien con su tesoro

En algún lugar de Europa al noreste, en una base militar. Sigilosa entre cajas y equipajes se escurre Pirata. Suena la sirena de la base, militares armados corren por todos lados, las luces de las torres recorren el terreno.

P —Era hora, holgazanes!

Toma una pequeña pistola regordeta, lo que uno suele ver en una película sesentosa de naves espaciales solo que sin los aros en la punta.

P —Ahora vamos a jugar a las escondidas.

Se apagan las luces de toda la base y estalla el depósito de vehículos. La incursionista corre apresurada en el depósito contemplando la oscuridad desde sus lentes de visión nocturna. Da algunos tiros y caen varios soldados. Hackea un panel con su pulsera y abre una puerta de acero.

H —¿Dónde anda Pirata?

T —En algún lugar de Europa. Espero que no se tope con alguien de mi familia…

S —Siempre se va a divertir sola.

K —Tiene sus asuntos, todos tenemos nuestros asuntos, no siempre pinta para el trabajo en equipo.

H —Pero puede necesitar algo de ayuda, uno nunca sabe.

S —Lindo, es por qué sos un héroe de apoyo…

T —¿Qué es lo que dejaste sobre la mesa del living?

H —Un talismán, no lo toquen que es medio peligroso. Tengo que averiguar cómo neutralizarlo para que sirva de algo.

T —¿Y tenías que dejarlo sobre la mesa?

H —Bueno che, luego lo saco de ahí.

S —¿Cómo lo trajiste hasta acá si no se puede tocar?

H —Lo nerfee.

S —¿Eso era debilitarlo?

H —Claro. Le bajé sus estadísticas, entonces casi no me afectó en nada.

T —¿Y qué es lo que hace?

H —Cambia el nivel de consciencia, es como un periférico para la mente. Pero también reduce los sentidos.

S —¿Para qué podría servir?

K —¿Periférico para la mente? ¿La propia?

T —Recordar, hacer introspectiva, es útil pero yo puedo hacerlo solo.

H —Tiene algunas otras utilidades, tengo que investigarlas.

T —Es razonable que afecte los sentidos mientras se usa, no es tan peligroso.

H —El efecto podría ser permanente, pasa que yo puedo curarme.

T —A mi no puede hacerme daño, per…

H —Para vos ese amuleto podría significar sepultarte en una oscuridad metafísica.

T —Contactarme con la entidad oscura del mundo, no suena buena idea. Sería mejor que lo saques de mi casa, Healer.

H —Estoy pensando en algún lugar seguro para guardarlo.

K —¿De dónde lo sacaste?

H —Una mazmorra que está por abajo del Obelisco. Se entra por unos pasadizos abandonados de la Línea D.

K —¿Me estás jodiendo?

H —No. Esta ciudad tiene secretos que ustedes ni imaginan. Vivimos en un mundo de fantasía, muchachos, una fantasía de normalidad.

T —¿Cómo encontraste el lugar?

H —Me contaron acerca de él en una galería de video juegos en Once…

K —¿Seguís jodiendo?

H —No. ¿En donde consiguen ustedes los rumores, en una taberna medieval?

S —¿Podés sentirla a Pirata, Tebrasti?

T —Está muy lejos, lo único que siento es que tiene acción, pero hay demasiadas sombras en Europa.

K —Che, tengo un lugar para esconder esa cosa, el psico-periférico. Tengo un lugar seguro en el sótano del edificio donde vivo. Nadie sospecharía que hay algo ahí y solamente yo puedo abrir el compartimiento.

H —Joya, apenas logre neutralizarlo vamos para allá!

Pirata hackea otra consola y abre otra puerta de acero, detrás suyo se pierde un camino de cuerpos revestidos de enmascaramiento militar y delante se extiende un gran laboratorio lleno de maquinarias. Avanza lentamente por la puerta, agudiza su mirada, ante ella aparece un sujeto intimidante vestido de un exoesqueleto.

P — Khoroshaya bronya!
(Bonita armadura!)

— Kto by vy ni byli, vy vybrali nepravil'noye mesto, chtoby vmeshat'sya!
(Seas quien seas, has elegido el lugar equivocado para inmiscuirte!)

P —Gde oni poluchili istochnik energii? Eto pokhozhe na drugoy mir!
(¿De dónde han obtenido la fuente de energía? ¡Parece de otro mundo!)

—Otkuda vy vzyalis', devochka?
(¿De dónde has obtenido la tuya, niña?)

P — Iz moyego kosmicheskogo korablya, kostyum moyego doma, v drugom mire…
(De mi nave espacial, la traje de mi casa, en otro mundo…)

—Yesli eto bylo pravdoy, s bol'shim osnovaniyem, ty byl by sumasshedshim, chtoby voyti syuda.
(Si fuese verdad, con más razón, estarías loca por entrar aquí.)

P —Vy skazali “devochka”?
(¿Me habías dicho “niña”?)

Un escudo de energía azulado recubre el cuerpo de Pirata, el soldado revestido en la armadura de batalla responde arrojando rayos por los cañones sobre sus hombros. Pirata se mueve rápidamente elevándose. Los rayos del soldado se detienen para no dañar el laboratorio. Dispara algún tipo de energía estática, Pirata los golpea con su mano y apunta a las piernas del soldado. Las piernas del exoesqueleto se averían y el soldado cae mientras sus rodillas revientan por dentro. Como un relámpago Pirata se para detrás de él y le desconecta un cable apagando la armadura y convirtiéndola en un féretro a medida. Sigue el cable hasta una maquina contenedora.

P —Acá está la fuente de energía.

Unos pasos se escuchan por el pasillo, Pirata voltea y ordena a la consola hackeada cerrar la puerta de acero.

H —¿Las sombras tienen algo que ver con vos, Tebrasti?

T —Las sombras… Yo soy una de ella, todos los Tebrasti somos sombras. En Europa hay más Tebrasti que en cualquier lado. Pero no creo que Pirata se encuentre con alguno de ellos.

K —Ustedes son como una mafia medio rara.

T —Somos una familia sentimental, personas diferentes, de diferentes épocas y lugares, unidas por la oscuridad de la entidad y por nuestra madre Tebras.

K —Tebras es la mamá, y La Entidad es papá. ¿Algo así?

T —No, pero sirve si lo entendés.

H —¿Por qué no nos cantás algo, Sirena?

S —No tengo ganas, chicos, lo siento.

H —Para Tebrasti sí tenés ganas.

S —No siempre, hoy estoy de bajón, me voy a hacer un chocolate caliente. ¿Quieren?

K —¡Sos una mujer maravillosa!

H —Dale, me prendo.

Tebrastí acerca apenas su mano al artefacto dejado por Healer en su mesa, estando su mano solo a treinta centímetros puede ver el abismo del mundo, puede sentir chirridos que se escurren por las calles y miles de ojos rojos contemplándolo esperando su próximo movimiento. Su mano se detiene y sus dedos se cierran de forma defensiva, sonrisas metafísicas lo rodean y él se aleja preocupado.

T —Ojalá pudiese saborear un chocolate…

En algún lugar de Rusia, en una base militar abandonada, Pirata extrae una célula de energía de una maquina contenedora. La puerta que había cerrado empieza a moverse a la fuerza.

P —De vuelta a la fiesta, los pibes son incansables.

Las tenues luces de respaldo del laboratorio dejan ver la armadura del soldado aprisionado y la puerta de acero se abre. Del otro lado de la habitación Pirata, su campo de energía refulgiendo.

—Bud'te ostorozhny s konteynerom! Strelyayte po svoyemu usmotreniyu, kak tol'ko zakhvatchik udalyayetsya iz konteynera!
(¡Tengan cuidado con la máquina contenedora! ¡Disparen a discreción en cuanto el invasor se aleje del contenedor!)

Pirata se eleve ligeramente y se abalanza hacia la puerta disparando. Un tiro, una cabeza, otro tiro, otra cabeza. Recorre el pasillo y a lo lejos ve algo de luz del exterior. Lanza una granada que explota en cientos de luces y luego una columna de humo. Ella sale de la base sumergiéndose en el humo y elevándose en los aires. Muy arriba, oculta por un campo de camuflaje visual y estático. Sube y sube hasta las nubes. Entre ellas, su nave espera.

P —Mi querida. ¿Qué haría yo sin ella? Tendría que correr, tomarme un taxi, el subte. ¡Hora de entregar el paquete!

Y la nave de Pirata se eleva sobre las nubes alejándose del planeta a la vez que el laboratorio de la base militar estalla por las bombas que había dejado allí.

S —Un chocolate para vos, otro para vos, y este para mí.

H —Al parecer puedo neutralizar el talismán, tengo que fabricar una caja de plástico bien grueso y meterlo luego en otra caja con un espacio de casi medio metro entre las dos para que no tenga contacto con nadie. Un embole. ¿Alguien sabe como fabricar la caja? ¡Teníamos que haber comprado la impresora 3D!

K —Cajas de plástico… Te ahogás en un vaso de agua. Consigo uno de esos barriles de aceitunas y listo.

H —No tiene el diámetro suficiente.

K —Pero en donde voy a poner el objeto nadie lo va a tocar. Aunque me va a ocupar bocha de espacio.

T —Mejor ahí que en mi casa, esa cosa es desagradable.

S —Me da intriga. ¿Si lo uso puedo ver mis memorias?

H —Es posible, entre todas las cosas que puede hacer.

S —¿Puedo recordar a la vez todas las veces que tuve sexo?

T —Es una utilidad interesante para ese talismán…

S —Sería como una orgía mental, encima recordar todos mis orgasmos a la vez.

K —Podría recordar las cosas más sabrosas que comí en mi vida. Y sexo, claro. Sexo y comida!

H —Información. Todos los libros que ojearon alguna vez. Podrían recordar todos los sueños, y hablar con los personajes que el subconsciente creó en ellos.

T —Podrían cruzar la barrera onírica, entrar en las pesadillas de la caótica mente colectiva. Millones de recuerdos de abusos, deseos de torturas, perversiones y emociones turbias. Se me erizan los cabellos de todo el cuerpo del horror.

Todos se quedan en silencio y sorben el chocolate caliente.

Fuera del planeta, más allá de la luna, la nave de Pirata estaba atracada junto a otra nave del triple de grande. En ella una silueta femenina y relajada se acerca a Pirata con rostro alegre.

C —¡La trajiste de vuelta! ¡Cómo te quiero!

P —No vuelvas a perder una célula de energía, los gobiernos humanos son animales peligrosos.

C —Son unos cavernícolas.

P —Mejor que sigan siendo cavernícolas sin células de energía. ¿Tenías que hacerme venir hasta acá? ¿Por qué no vamos a tomar algo al planeta Tierra? Conozco un lugar en Brasil que te va a encantar.

C —Yo no entro a ese planeta ni en pedo. ¡Gracias que entré en el sistema!

P —No es tan peligroso.

C —¡Hay una entidad oscura en el planeta! ¿Recordás lo que pasó en el sistema de Orión?

P —Ahí pasó que un grupo de tarados quiso manipular la entidad con fines militares y desataron un infierno.

C —Hubo que destruír el planeta en pedazos con una flota aniquiladora. Y podría pasar eso en ese planeta en donde te escondés.

P —Está todo bajo control.

C —Es cuestión de tiempo para que los militares esos, bajo las órdenes de los gobiernos idiotas que tienen, metan sus manos en lo que no entienden. ¿Qué estaban haciendo con mi célula de energía?

P —Alimentaba un laboratorio de investigación militar. Había un ruso con un traje de Metroid.

C —¿Qué cosa?

P —Perdón, no entendés el chiste.

C —Armas. ¿Ves?

P —Las naciones galácticas hacen lo mismo, no sé de qué te asombrás.

C —Hice mi bebida favorita, jarabe alcohólico caliente de frutas rojas.

P —¡Delicioso! Es lo menos que merezco por el trabajo que te hice.

C —Es lo menos que voy a darte para agradecerte…

Cerina se acerca sensualmente a Pirata…

P —Dinero, linda.

C —Sí, también.

P —Primero el dinero, luego el jarabe, luego vemos.


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domingo, 31 de julio de 2022

SA - Zoot Suit Riot

 S —Hola Jony, hola Tedy, hola Billy, nuevamente en el escenario mis queridos.

J —... Yo soy Juan y ellos son Mariano y Guillermo.

S —Jony, Tedy y Billy quedan mejor.

J —Nos gustan nuestros nombres, gracias.

Se ilumina en la oscuridad de un cafetín un pequeño escenario. Sirena, en un vestido ajustado, se acerca al micrófono.

S —Buenos noches, queridas y queridos. ¡Estoy tan feliz de estar acá otra vez! Y con mis músicos favoritos, Jony en el piano, Tedy en la guitarra y Billy en el contrabajo.

Algunas caras confundidas revisan el programa, “Juan Perez en el teclado, Mariano T. Córdoba en guitarra, Guillermo Gimenez en contrabajo, Sirena en vos principal”

S —Uno, dos, un, dos, tres, ya!

Jony empieza a tocar melodías que van y vienen, Tedy salpica notas como tajos afilados y Billy construye puentes y escaleras. Entonces Sirena abre su boca y la melodía más inexplicable sale de ella, una vos armoniosa pero inhumana, se entienden palabras, pero no dice palabras, de su boca sale un nuevo sonido. Y ondas fantasmales se esparcen, rodean las cabezas, rozan los cuellos, la vos de Sirena se apodera de las mentes aferrando las voluntades como títeres indefensos y extasiados. Los músicos entran en un trance, cualquier cosa que hayan estado tocando ha quedado atrás y lo que hacen ahora es servir de meros amplificadores de una musa que late fuertemente de una mente común que despierta del fondo de un abismo.

Una media hora que pareció ser una vida entera pasó, y Sirena cobró su show muy bien pagado, nadie recordaría lo que había pasado, como nunca recuerdan las víctimas de Sirena. Todos los espectadores regresaban a sus casas pálidos, como si hubiesen visto a la muerte y hubiesen nacido a la vez, sin entender lo que había pasado, y deseando otro salto al abismo.

Con una media hora a la semana Sirena tiene dinero para comer, vestirse, pasear y más.

El rumor habla de una Sirena de tierra firme que se apodera del escenario y las voluntades.

S —¿Viniste a escucharme cantar?

T —No me acostumbro a escucharte cantar con tu voz profunda, mi vida. Pero en mí el efecto no es el mismo que en todos los demás. Tu vos abre las puertas del abismo, revuelve a los fantasmas, y yo puedo ver el horror innombrable de este mundo. De repente me mira de frente sin poder tocarme, es aterrador, pero más real que cualquier palabra humana.

S —Es por tu empatía.

T —Más bien por mi naturaleza, mi oscuridad no es ni más ni menos que La oscuridad, así, con ele mayúscula.

S—Si es tan aterrador. ¿Por qué venís a escucharme?

T—Me seduce ese terror. Como contemplar un montón de tiburones en una gran pecera y… Creo que no elegí la metáfora correcta.

S—Igual te entiendo.

T—¿Cuándo cantás normal?

S —¿Querés escucharme cantar?

T —Soy un esteta, por favor.

S —A lo mejor el lunes o el martes… Esperá…

T —¿Qué sucede?

S —¿Escuchás? Un saxo. Es extraño, en esta ciudad no hay saxos, no estamos en Nueva York.

T —¿Conociste Nueva York?

S —Muchas ciudades porteñas conozco… El saxo suena bien, es decir, no suena mal. ¡Vamos!

En penumbras y rodeada de hologramas de colores está Pirata, moviendo algoritmos con sus dedos. Se abren campos de conocimiento y datos. Ella se muerde el labio inferior y sus ojos vuelan como pájaros endiablados.

P —Acá estás. Muy fuerte defensa para un simple humano. Pero este servidor es mío, todo mío! Veamos que hay dentro… ¡Oh, sí!

Pirata sonríe y brillan sus ojos y dientes en medio de la enmarañada realidad aumentada.

En otro lado, rodeado de cuerpos vencidos se levanta una deforme figura humana. Lentamente toma forma, se corrige, se convierte en Healer.

H —No me preocupa la muerte, ni las heridas, es el maldito dolor. ¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda! — Contempla los cuerpos. —Se lo buscaron, boludos de cuarta. ¡Nunca subestimen a un healer!

Mientras tanto en un lugar del conurbano se oyen estruendos de metales y rocas. Una pequeña casa se derrumba y una silueta gorda se aleja velozmente por el aire.

…De vuelta entre las calles fuera del cafetín.

S —¡Vamos Tebrasti!

Sirena corre rápido hasta una plazoleta algo concurrida en medio de una encrucijada de calles y bares chetos. En medio, junto a la reja del arenero, un sujeto desaliñado y con un saxo colgado está tocando y su estuche muy viejo y roto abierto, presto a recibir ofrendas.

T —Un oído impecable, niña.

S —¿Qué esperabas? Puedo escuchar los rumore de toda la gente, hay por allá dos estúpidos que quieren linchar a los músicos de la calle. A lo mejor luego les doy una paliza…

T —Divina criatura, letalmente divina… Pero el saxofonista no es realmente bueno.

S —Es lo que hay, man.

Pirata sigue en su refugio, una nave espacial estacionada y camuflada. Dentro hay una atmósfera cálida, apenas iluminada por hologramas e indicadores. Cómodamente desvestida y bebiendo un trago con ron repasa procedimientos en su mente. Respira y se reclina en su asiento, sonríe y vuelve a beber.

P —En cuestión de un par de horas hago el trabajo, pero mañana, ahora un descanso merecido— Mira su reflejo en una superficie de metal pulido. —¿Quién es la maldita reina del mundo? ¿Quién es, quien es? ¡Tú eres, bonita!

Healer también se reclina, pero en un colectivo. Ve pasar el paisaje por la ventana. Ve la gente en la vereda, intenta adivinar lo que dicen o piensan, sus historias. Cada uno con sus problemas.

H —¿Puede ser que todos sean cómplices? Si nadie hace nada, si todos siguen estancados, son cómplices. En fin, es lo que hay— Juega en su bolsillo con un objeto que consiguió en su aventura y lo mueve dentro de su ropa.

S —Es una canción re conocida.

T —Si.

Sirena se coloca junto al saxofonista, carraspea. El músico cree adivinar lo que ella va a hacer, pero igualmente está preparado para lanzarle una puteada, por si acaso. Ella empieza a dar palmas cóncavas graves marcando el ritmo y luego a cantar…

S —Who's that whisperin' in the trees? // It's two sailors and they're on leave.

Su vos modulada en un registro contralto con acento californiano…

S —Pipes and chains and swingin' hands // Who's your mamy? Yes I am!

La gente se acerca, las miradas se centran en Sirena, se replican las sonrisas, las caderas y pies acompañan, hasta el saxofonista ordinario parece un jazzista de Los Ángeles, un jazzista ordinario de Los Ángeles…

S —Fat cat came to play, now you can't run fast enough.

Tebrasti se deleita y deja trescientos pesos en el estuche añejado, caen más billetes, uno tras otro, arrojan monedas que resuenan entre sí.

S —You'd best stay away when the pushers come to shove.

Pirata escucha otra música en su nave, con los ojos cerrados siguiendo el ritmo con los dedos de sus pies. Sigue bebiendo.

S —Zoot Suit Riot!

La sombra de Kinesis se acerca a una terraza y se une al cuerpo que se deposita en el suelo.

S —Throw back a bottle of beer.

Healer, parado en la puerta del colectivo, se agacha para ver la altura de la calle y toca el timbre.

S —Zoot Suit Riot!

Los ojos de Tebrasti brillan y se densa de gente la ronda alrededor de Sirena.

S —A-pull a comb through your coal-black hair.

Pirata deja el vaso en el suelo para estirar todo su cuerpo. Una luz se enciende, tiene un mensaje y sospecha de qué se trata. Se levante con un salto medido.

S —Zoot Suit Riot!

Kinesis baja de a saltos los tramos de escalera sin hacer ruido al depositar sus pies en el suelo. Cree recordar que había dejado algo de comida china del día anterior.

S —Throw back a bottle of beer.

Healer camina bajo la noche, contempla el cielo, escucha la húmeda fricción de sus zapatillas en la vereda y sigue jugando con el objeto de su bolsillo.

S —Zoot Suit Riot!

Tebrasti  arroja un beso sobreactuado a Sirena. Muchas personas asienten, abren sus bocas, muerden sus labios, algunos desean profundamente acercarse a ella.

S —A-pull a comb through your coal-black hair.

Sirena se detiene. Todos aplauden furiosamente y algunos gritan. Se acercan, corren. El saxofonista la mira enamorado y amaga a agarrarla. Una oscuridad repentina lo cubre todo, la luz se apaga, la música se apaga, los alientos quedan petrificados.

La oscuridad desaparece y ni Sirena ni Tebrasti están ahí.

A unas tres cuadras se iluminan sus figuras en el umbral profundo de una puerta.

T —Te quiero tanto, nena, sos impresionante! Podrías dominar el mundo con tu vos.

S —Soy una sirena, una cualquiera.

T —No sé como hiciste sonar mejor a ese saxofón…

S —Si no hubiese estado tan baqueteado y duro me lo llevaba a la cama!

T—Ay, princesa! Todo era tan poético, la noche, los paralelismos, los versos… Y bue! 

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lunes, 25 de octubre de 2021

SA - Presentacion

Primera escena en un departamento espacioso en algún lugar de barrio norte. Una ventana abierta con un cielo estrellado tras la silueta de los edificios.

En la habitación Tebrasti se acerca sigiloso, como la sombra de un gato, y posa su pálida mano en el hombro de Healer. Lo sorprende, interrumpe su concentración en el video juego en el que se encuentra jugando desde hace algunas horas.

H —¡Ay carajo! ¿Tenes la necesidad de comportarte de esa forma? Si no fuecemos amigos, juraría que vas a morderme.

T —Soy lo que soy… Un ser de la oscuridad, y no puedo evitar moverme como una sombra, mi naturaleza me…

H —Te gusta acechar a la gente y asustarla, no me vengas con tu poesía gótica. Unos segundos más tarde y me habrías hecho perder ante el boss de la mazmorra.

T —Oh, el boss, el jefe de la mazmorra. Podrías vencer a un jefe de verdad, en una mazmorra de verdad, niño.

H —Pero juego con un DPS, cosa que no puedo hacer en la realidad.

T —Te consigo unas pistolas y listo.

H —Eso sería burdo.

T —¡Y te quejás de mi poesía gótica!

Tebrasti deja caer la blusa escotada por su hombro y gira la cabeza como advirtiendo algo en la lejanía por la ventana.

T —Ella se acerca, surca los cielos nocturnos y viene por nosotros…

H —¿La pirata viene volando con sus botas espaciales?

T —Si. Pero yo lo dije más bonito.

Por la ventana se dibuja una silueta de unos pies asomando por la parte de arriba, le continúan bajando unas piernas, una cadera, un torso, un par de brazos y una cabeza. La silueta levemente luminosa en su contorno, se detiene en la ventana y luego se adentra levitando. 

T —Pirata… Tus entradas siempre son dignas de una novela de realismo fantástico!

H —De ciencia ficción, che.

T —Es lo mismo. La gente de hoy busca en los robots y en naves espaciales los golems y barcos encantados de antaño, los mitos reencarnan en nuevas formas, pero son los mismos arquetipos.

H —Todo es copia de algo, ya sé.

P —Como veo, Healer viciando en la consola y Tebrasti gozando de él mismo. ¿Ese hombro descubierto lo hiciste a propósito?

T —La oscuridad de la noche conspira a mi favor y me envuelve de lúgubre poesía…

P —¿Comiste?

T —No, en un rato, igual no tengo hambre…

H —¿Trajiste comida, Pirata?

P —No, pero seguro que Kinesis trae algo.

H —Kinesis trae el embase vacío de lo que se comió por el camino y al llegar pregunta que hay en la heladera mientras va para la cocina.

Tebrasti sonríe, esa escena parece repetirse en su mente, la ha visto muchas veces. Muchos deja vu, sus recuerdos pueden replicarse de forma vívida, como una reproducción, y realmente la escena se repite.

T —Está en el umbral, destraba el portal de la arquitectura que nos cobija y se sumerge.

H —Es decir que está entrando.

P —Lo vi a una cuadra cuando descendía, sí…

T —Los heraldos de la noche bohemia y la aventura se reúnen, nuevamente… ¿Qué destino les depara en esta jornada?

P —Yo no tengo ganas de hacer un coño, no sé ustedes. Me pienso sacar las botas y andar en patas por tu fantástico parquet.

T —El parquet es una de las maravillas más sexys que puede disfrutar un ser en este mundo. Y lo digo yo, que saboreo maravillas sexys varias noches!

Y mientras que Kinesis llama al ascensor, Pirata se quita los guantes, la mochila, el cinturón y las botas. Sus pies desnudos caminan por el suelo de madera y ella se estira haciendo sonar los huesos de su cuerpo.

T —¿Recreas una escena erótica? Creo que eh visto una así en…  Sí, oh si, sé donde la he visto. Una película, y también una persona, fue en el siglo pasado.

H —Si no fuera que estoy en algo importante no me perdería el porno gratuito…

P —Preferís el porno virtual. Igual me da lo mismo si me mirás el culo, no tengo tus mismos tabúes!

La puerta se abre, entra Kinesis. Un muchacho gordo con ropa holgada, y que a pesar de su tamaño se mueve casi caminando sobre nubes.

K —¿Qué hay en la heladera?

H —No vayas a la cocina, es al pedo, no hay nada. Bueno, una barra de chocolate amargo pero no hay leche.

K —¿Por qué carajo nunca tenés unas milanesas, che?

T —Sabes que mis apetitos son diferentes. Si fueras caballero, quizás procuraría tenerlas, y te cocinaría uno de esos sanguches con todo mi cariño. ¡Sonreirías de alegría mientras juego con los risos de tu cabello!

P —Ahora vos estás haciendo la escena erótica…

T —Bromeo, Pirata, él no es mi tipo.

H —Pero podría serlo si fuese caballeroso, jaja!

K —Pirata, vos tenés tecnología de punta. ¿No podés materializar un pollo al horno?

P —No soy tu cocinera, pibe. Y el materializador está en la nave, no es portátil.

K —¡Con lo importante que es! No sé por qué no lo llevás en una valija o algo así. ¿Todavía no vino el pecesito?

T —La Sirena se sumerge en la noche, pero en otros mares.

K —Es decir…

P —¿Está garchando?

T —Bueno, algo así.

K —¿Cómo lo sabés? Siempre me pregunto si te metés en nuestras mentes y ves lo que hacemos. ¿Estás ahí cuando cago o me hago la paja?

H —Cuando ves tu porno fetichista.

T —Ustedes, humanos inocentes, gritan sus emociones aunque estén callados. Con un poco de empatía se puede sentir miles de jadeos y arcadas, sustos y deleites, como un mar de sensaciones, es aterrador y maravilloso, es sublime.

P —Alguien con tu sensibilidad puede percibir las frecuencias mentales. Yo puedo hacerlo si me dan unas horas para configurar el rastreador. Pero en sentido figurado, no tengo ganas de moverme de acá.

Pirata ya estaba sentada cómodamente en un mullido sillón entrecerrando los ojos. Healer frunce las cejas y tuerce el mando de la consola inútilmente.

K —Tebrasti, avísame cuando la Sirena termine de divertirse así le pego un llamado, que compre algo mientras viene para acá.

T —¿Por qué no compraste vos?

K —No tenía suficiente dinero encima, y no encontré nada, además.

H —Comiste en el camino.

K —Un tentempié nomás… ¡Estaría unos choris!

T —Ok, yo salgo a comer, lamento no poder invitarlos.

Tebrasti se desliza amortiguado hasta la ventana y salta a la pared del edificio, corre burlándose de la gravedad y de un par de leyes más. Salta de edificio en edificio y se sumerge en una ventana lejana.

H —Debería horrorizarnos lo que hace, no sé por qué no es así.

K —Por que tiene un departamento espacioso y lo usamos para boludear, y no protesta demasiado, y te deja usar esa pantalla gigante. ¡Si tan solo tuviese comida en la heladera!

H —Traela y dejala ahí, él no se la va a comer…

K —De hecho eso pensaba hacer mañana. Comprar algo de pasta, salsas, unos patis para el bajón!

En algún lugar de la ciudad Sirena se levanta de una cama revuelta. Su amante se entrega al sueño y ella lo mira combinando en su rostro ternura y resignación. Cada uno de sus amantes tiene sus pro y sus contra, y este es intenso, pero corto, apasionado pero de fácil sueño. Recorre su cuerpo, contempla su desnudez, sonríe y va al baño. Al rato se lamenta de tener que vestirse para salir a la calle, sale del cuarto arrojando un beso a la entrepiernas. Luego se adentra a la calle con un rumbo fijado, una costumbre. Callejeo y coqueteo, sexo, a veces más sexo, callejeo bajo las estrellas, luego un espacioso departamento en barrio norte y diálogos random.

En el departamento... Kinesis había conectado un segundo mando intimando a Healer a jugar algo de dos jugadores. Cede a regañadientes, pero al fin un noble tributo a la amistad.

H —Te voy a romper el orto, puto!

K —Demasiado shooter y rpg, pero con las peleas yo soy la verga, así que prepará la vaselina. Tiene que haber en la mesa de luz de Tebrasti.

H —Seguí soñando, nenita!

P —Acá la nenitas somos Sirena y yo, y en lo que a mi respecta los cago a tiros mientras ustedes, infantes, juegan…

Tebrasti se arroja de una ventana a la otra, como si cambiase la gravedad a su antojo, y se zambulle en la oscuridad de las habitaciones como delicado pez en un lago.

P —Juguemos un shooter, los liquido a los dos.

H —Vos tenés experiencia disparando en naves espaciales, no es justo.

P —Vos probablemente podrías manejar cualquier nave espacial si le conecto el mando a la consola de la cabina.

H —¿Me vas a dejar manejar tu nave?

P —Ni en pedo, pibe…

K —Esperá que le rompo el culo a Healer, y luego jugamos por turno. Yo lo de pantalla dividida no me lo banco.

La Sirena, que no acostumbra a tomar taxis, sube a un colectivo casi vacío. Embriagada de la magia de los colectivos vacios nocturnos. Se balancea por el pasillo, rosa las sillas con sus dedos, se sienta en el fondo como una reina en un trono en una carroza. Como una capitana en el puente observando a pleno el navío. No le da demasiada importancia al hecho de que sus piernas separadas y su vestido corto la descubre al dejarse acariciar por el viento que entra por todas las ventanas. Como un submarino sumergido en un océano de aire, lleno de grietas, hundiéndose. Llama la atención de un par de muchachos que empiezan a acercarce lentamente y luego la rodean sentándose uno a cada lado de ella…

P —Igual, entiendo que vos no seas bueno en este juego, al fin y al cabo sos un Healer…

H —Soy muy buen healer. Los buenos healers son soportes, y saben buffear y nerfear, pero antes de ser un healer, soy un gamer profesional.

K —Patrañas, sos un niño rata nomás.

Los muchachos que flanqueaban a Sirena se arriman, ella había cerrado sus ojos y el viento la envuelve. Las manos de los sujetos se posan en sus piernas.

T —Son buenos muchachos, voy a ver si les consigo algo de comer, yo ya comí. ¡Ay, no puedo resistirlo! La oscuridad encarnada puede ser terrible, pero también amorosa.

La sombra se convierte en Tebrasti, sentado en una azotea, hurgando entre los edificios y carteles… Su empatía le muestra imágenes…

Sirena seguía rodeada y acosada, uno de los muchachos inmiscuye su mano bajo el vestido, el otro entre sus pechos. A lo lejos, al frente, el conductor se debate entre detener la escena y seguir alimentando su morbo.

P —¿Saben que me gustaría?

H —¿Qué cosa?

P —Café. Un cafecito caliente.

K —¡Y unas facturas de hojaldre, che!

Sirena enreda sus dedos en las cabelleras de sus acosadores, ellos se miran cómplices, todo cierra perfectamente, es mágico. Sirena aferra fuertemente sus uñas en ambas cabezas, sangran, duelen, y rápidamente estrella las caras una contra otra y tira los cuerpos desmayados al pasillo. Se relaja, se deja envolver por el viento y saborea la sangre de sus uñas.

Tebrasti ríe a carcajadas saltando por el cielo con sus ojos enrojecidos.

T —¡Por algo es que los amo, mis amigos! La entidad oscura del mundo nos bendice y le regalamos dulces sueños…

Habían pasado minutos y la puerta del departamento se abre, Sirena entra y se quita las botas de gamuza.

K —¿Trajiste comida? Al final no te pude llamar.

H —Alguien anduvo diciendo que estabas haciendo guarradas…

P —Ella siempre hace guarradas! ¿Pero que te pasó? ¡Por las estrellas, te ensuciaste las botas!

S —Horrible, fue por el viento, me salpiqué.

P —No importa, yo te las limpio, tengo un aparato para estas cosas. ¡Tengo que andar limpiando sangre cada dos por tres!

K —Mentira, preferís hacer hoyos con rayos láser y cauterizan.

S —No traje comida, me traje a mi misma. ¿No es eso suficiente, queridos mojoncitos?

H —¿Qué cosa?

P —Soretes. Soretitos, más bien.

Una presencia oscura se adueña de la habitación, Tebrasti entra por la ventana y solo su cabeza y unas manos ocupadas parecen no estar fundidas con oscuridad impenetrable. Su cuerpo se visibiliza esbelto, contrastando con la noche estrellada.

T —Pasé por un mercado, tomé algunos tributos de los plebeyos mortales, café, unos muffins…

K —¡Magdalenas, que capo!

P —¡Café! Te amo Tebrasti.

T —…Algunas otras cosas.

S —¿Había un mercado abierto?

H —¿Le robaste a los chinos?

T —Para alguien que domina y se funde en la negrura, todo está ahí, para que lo tome. Son tributos de los mortales por dejarles saborear un poco más este mundo. Pronto saldrá el Sol, ese villano. ¡Disfrutemos de lo que queda de noche! Sirena, contanos tu erótica aventura.

S —Cogimos, se durmió, me vine para acá… No les voy a dar los detalles.

T —La otra, la del colectivo…

Nos vamos alejando del departamento, cruzando entre los edificio, con un rojo sol amenazando tras el horizonte.

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