miércoles, 29 de septiembre de 2021

Sueño con la Mujer de Blanco

Salí repentinamente de un sueño indefinido y que ya olvidé, me encontré envuelto en la tibieza de mis sábana en una acogedora oscuridad, algo presionó mi cama, una forma parecía haberse sentado allí. Abrí mis ojos y el contraste me permitió ver una silueta de una mujer, a mis ojos una silueta gris pero que en realidad era blanca, tan blanca podría verla gris en plena tiniebla ahí, reposando junto a mis piernas. En la sima de la silueta un rostro de piel blanca como la ropa, de cabellos blancos, labios pálidos y ojos que rompían la escala de grises arrojándome su rojo sangre.

Las tibias sábanas se volvieron prisión, me encontraba inmóvil, totalmente vulnerable y expuesto a este ser que podía comparar con una araña inmensa que me contemplaba con la lejanía desde la que un dios o un demonio contempla a un mero mortal. Sus labios se tensaban sutilmente en una sonrisa macabra, sus ojos ardían y a pesar de que atravesaban mi alma no podía dejar de verlos. Me habló.

—Querido mío. Quiero darte un obsequio. Un frío beso que te hundirá en el abismo del cual emergerás como un ser nuevo, y nunca más temerás a la muerte o a la mediocridad. No temas, puedo devorarte como devoraría una araña a una pequeña mosca amarrada a su telaraña, pero lo que quiero es darte este obsequio, el poder de las tinieblas, un don y una maldición que proviene de más allá de lo comprensible por la frágil mente humana.

Ya sabía quién, o más bien qué, era la doncella que me aprisionaba. No era más humana, su cuerpo voluptuoso y elegante era toda una máscara que disfrazaba una bruma negra y gélida. Podía sentir como vida se drenaba muy lentamente hacia ella, lentamente pero sin pausa, lentamente y sin poder resistirme de forma alguna. Ya sabía qué era ella, una parásito que pasea por la noche alimentándose de la vida y jugando con el destino de nosotros, seres mortales y frágiles.

—¿Puedes asegurar, mi querido, que lo que sabes de mí y de mi naturaleza no es acaso un montón de ideas que yo te estoy poniendo en tu mente? ¿Qué cosa, te preguntas? ¿Es posible que tan solo al despertar sepas qué soy y por qué te estoy visitando? A lo mejor estas palabras son una mera formalidad, lo mismo cuando te ofrezco el beso frío de la oscuridad, quizás en verdad no tengas opción.

¿Cómo podía saber que tenía que elegir entre convertirme en un monstruo o un muerto? El poder me tentaba, la libertad también, la curiosidad, y hasta el miedo que latía en todo mi cuerpo me empujaba hacia ella.

—Quieres mi don… Lo sabía, pero debía preguntarte, aunque a mi modo. ¿Eso es un “sí”? Entonces ahora eres mío, voy a hacerte uno con la oscuridad, vas a escuchar los susurros del abismo, vas a ser como un dios o un demonio entre mortales, y los mortales serán tu sustento, aborrecerás el sol que te volverá ordinario, pero amaras la luna que te sonreirá en toda tu gloria. Ahora voy a darte mis labios…

El frío y la negrura me envolvieron. Sentí un aguijón punzándome y mi cuerpo desvaneciéndose. Sentía que caía indefinidamente, solo sentía la caída, susurros tras de mi, miles de miradas invisibles, y de repente un fuerte mareo y mi cuerpo volvió en forma de un cosquilleo.

Entonces desperté, todo era un sueño, no había mujer de blanco, no habían ojos observándome… Pero, no estaba seguro de estar despierto o dormido, me sentía alienado de mi propio cuerpo, mi consciencia se alborotaba alrededor mío. Todo estaba oscuro y a la vez todo estaba claro, podía tocar mi alrededor. Me levanté de mi cama sintiéndome ligero, como si estuviese borracho, o si estuviese bajo el agua. ¿Era un sueño lo que había pasado? Sentía un vacío y una necesidad imperiosa de buscar la compañía de alguien, de quien sea!

A lo largo de la noche puede recordar conversaciones que tuve con esa mujer de blanco, conversaciones en las que solo ella hablaba y contestaba a mis pensamientos, e imágenes y sonidos se me aparecían, e inmediatamente sabía lo que quería saber. Supe muchas cosas. Supe que ya no era humano, que el frío beso fue real aunque la mujer de blanco haya sido un sueño. Supe que “algo” había estado conmigo durante la noche mientras dormía y soñaba, supe que habían pasado varios días y varias noches y que ese “algo” había impedido que me perdiese en ese abismo en donde caía incorpóreo. Yo era un strigoi…

¡Soy un strigoi! Soy un monstruo…


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