domingo, 13 de noviembre de 2022

Un Acuerdo Prometedor y Arriesgado

(fanfiction de Elder Scrolls)


No me costó colarme en el palacete def Feudo Hlaalu en Narsis... Era habitual que recibiesen comerciantes con propuestas de negocios todo el tiempo, en esa noche se celebraba una reunión entre cabezas de familia de los Hlaalu así que todos los recién llegados como los mercaderes habituales intentaban quedar primeros en la cola por que el tiempo de atención iba a ser breve. Yo quería quedar último para intentar colarme de algún modo. Casi al final del tiempo, mientras que algunos colegas intentaban convencer que dejen pasar a uno más, me acerqué a unos carros con provisiones que estaban despachando para la cena y fingí ser un obrero más. Pude entrar al área de servicio.

–¡Ey, tu! No eres de mis muchachos. ¿Qué haces con las cajas?– Por los tres, duró poco el plan pensé, pero...

–Este...– Indignación, es lo que mejor funciona –¡Sus muchachos son unos desordenados y perezosos! Necesito estás... Ostras de Galen inmadiatamente para darles el tratamiento adecuado, nuestro chef está qué explota y no quiero que rueden cabezas, ni las mías ni las suyas. ¡Vamos, con diligencia!– Tragué saliba y me dirigí a lo que creí que era la cocina, el capataz por suerte se lo tragó o simplemente prefirió no arriesgarse.

–¿Y tú sera? No eres uno de los despachantes.

–Buenas noches estimados, soy asistente del capataz, me pidió que entregara personalmente estas ostras de Galen. Entre nosotros, es un producto delicado y los obreros suelen, digamos, meter la pata. ¡Para que algo salga bien hay que hacerlo uno mismo!

–Es cierto, es cierto, pasa y deja la caja por allí ¿De acuerdo?

El hombre se distrajo enseguida, había movimiento y me colé entre sirvientes mirándolos desde arriba de mis hombros, ellos acostumbrados a no levantar la cabeza me habrán confundido con algún invitado importante. O eso deseo creer. Al final del pasillo se acercaban un par de nobles Hlaalu, me di vuelta y tomé la primer cosa que encontré, un jarrón con flores, lo puse delante de mi cara y me encorvé como un ser miserable, ellos pasaron junto a mi apenas viéndome desde arriba de sus hombros... En minutos estuve entre varios invitados menores bebiendo un vino.

–Si no olieses tanto a pescado juraría que eres un invitado– Conocía esa voz, me giré disimuladamente, en efecto era una asistente de uno de los invitados. –Debo admitir que te colaste como un profesional, talvez deberías dedicarte a ser agente secreto en lugar de comerciante.

–Sería más divertido, pero menos lucrativo...¡Tanto tiempo colega, que gusto verte!– No recordaba su nombre. –Estoy aquí por asuntos comerciales y me quedé para la velada.

–¿Y ahora te dedicas a la pesca? ¡Jaja!

–De hecho soy un agente comercial y contratista, conseguí a excelente precio unas ostras de Galen y se las estaba mostrando al señor Aryo, supongo que se me pegó el olor a pescado, jaja!

–Mmm, talvez... Más te conviene, por que ahora mismo durante la velada ya no es momento para negocios, es decir, para pequeños negocios.

–Si, lo sé, por eso agradecí la hospitalidad para distenderme y tomar unos tragos. Aunque no me quedo mucho, debo partir en breve al Duelo y luego a la fortaleza Tal'Deic para llevar unas provisiones. ¡En fin, una venta lleva a una compra, y una compra lleva a una venta!

Y tenía razón, dadas las circunstancias me iba a ser imposible acercarme a los Hlaalu sin que me retirasen escolta y posterior paliza por entrometido. Pero el vino estaba delicioso, un pequeño relajo no venía mal. Ahí, rodeado de buenas ropas, deliciosas fragancias, jugosos negocios, ahí debía estar yo. A la próxima velada a la que asista debo entrar por la puerta principal. Sin embargo aproveché el momento para sacarle conversación a la asistente, cosas que podrían serme de utilidad en un futuro y dando a entender que esa información eran meros chimentos para mi. Dije alguna que otra mentira y algún que otro rumor como escuchado de primera mano. ¡Un justo intercambio! Y así terminamos hablando sobre los invitados como un par de chismosos de la farándula. Malori y Turnol, Miiga y Tharer, la vieja Aurona, la soberbia Hala, incluso la locura de Sodra de haberse metido en el Gremio de Magos. Entre las caras conocidas de la casa Hlaalu habían algunas más extrañas, visitantes de otras tierras, algún contacto comercial importante. Una de esas caras pertenecía a una mer elegante y silenciosa, casi que pasaba desapercibida y susurraba en los oídos de los referentes. Me llamó mucho la atención y pregunté sobre ella.

–¿Esa mujer? Es la señora Vistrigoi, Tebras Vistrigoi.

–¿Es ella? La he oído nombrar varias veces pero nunca la he visto en persona– La clásica táctica de dar por supuesto un conocimiento para hablar sobre ello, disimular y atacar cabos.

–Es muy reservada, vive aquí en Narsis, en el corazón de los negocios Hlaalu, habla con las cabezas más influyentes, pero por lo demás es un misterio. Hay muchos rumores sobre su persona, que ha hecho un pacto con daedras, que bebe sangre de virgenes, que está vinculada a alguna sociedad de asesinos. Son todos rumores, pero lo que es cierto es que hace favores.

–¿Como es eso?

–¡Claro, favores! Cuando algunas cosas no se solucionan por las vías "legales" por ejemplo, o cuando se necesita interceder ante las cabezas de la gran casa Hlaalu, se sabe que se recurre a ella.

–Algo escuché. Se la ve muy joven, tenía entendido que caminaba Tamriel desde hace mucho.

–No lo sé, puede que sea verdad que ha hecho un pacto con daedras, jaja! Pero no digas que yo te mencioné el asunto.

Ya no puede evitar prestarle atención a la señora Vistrigoi durante toda la noche, creo que mi colega se percató y aprovechó un descuido mío para dialogar con otros invitados. Tuve oportunidad de conversar con algún que otro comerciante con sumos subido de sumos y algún pequeño noble. No pude dejar de prestarle atención, ahora sentía que algo me iba a saltar encima si no dejaba de fijarme donde ella estaba. Fue breve el instante cuando me crucé con sus ojos, me atravesaron, sentí un escalofrío en mi cuerpo y desde ese momento cada vez que digo su nombre siento que me observa. Tuve la decidida certeza de que ella era mi llave a la casa Hlaalu, y también la certeza de que era mi condena. ¡Pero quien no arriesga, no gana!


Al otro día fui hasta la casa de los Vistrigoi, estaba ahí mismo en Narsis cerca de la casa de los Hlaalu. Me quedé un breve momento en el puesto comercial frente a la fachada comiendo unas frutas y planeando lo que iba a decir. La mañana era fresca y no había cenizas en el aire, pero había poca gente en los alrededores y rondaba un halo de velorio... Tras un profundo silencio en mi mente me envalentoné y al final me acerqué a la puerta y golpee tres veces, esperé, nadie atendió, así que volví a golpear. La casa parecía estar vacía, abandonada.

–¿Qué es lo que quiere?– Me sobresaltó una voz gruesa detrás mio. Me di vuelta y se trataba de un nórdico fornido y algo pálido. –¿Está sordo?

–¡Ah, si, disculpe señor! ¿Usted es de por acá acaso? Estaba golpeando...

–Soy el portero de la casa, y el guardia, y el mayordomo, y el que hace lo que haya que hacer... ¿Que busca?

–¡Esplendido, esplendido! Estoy buscando a la señora Vistrigoi, ayer tuve el placer de...

–No se encuentra. Ha salido de viaje. ¿Por qué la busca? Cualquier paquete me lo puede dejar a mi.

–Este... No, no traigo paquetes, venía a hablar con ella, por negocios. Tengo unas propuestas...

–Pues como le dije no está. Venga a la noche, pero no muy temprano, a media noche quizás. Pero no le aseguro que lo atienda, ni hoy ni mañana, no sé cuando vuelve.

–Pero si ella...

–¿Cual es su nombre?

J –Soy Jukan Gahbal, soy un agente comercial, recorro...

–Le diré que ha venido cuando la vea, con su permiso– Y el nordico pasó junto a mi sin más y entró en la casa Vistrigoi.


Ese mismo día estuve ante la puerta a la media noche. Me pareció extraño, pero obedecí las indicaciones. Me recibió el mismo nórdico. ¿Acaso este hombre no duerme? Me dijo que la señora no estaba, que vuelva otra noche. Volví la siguiente noche y fue igual, la noche posterior tuve que ocuparme de unos asuntos, volví la siguiente. Iba a golpear la puerta pero se abrió adelantándose a mi mano y me atendió de nuevo el nórdico.

–Adelante, espere junto a la mesa a la señora.

El recibidor era muy pequeño, la sala también lo era, pensaba que me encontraría con algún palacete pero el lugar parecía más bien una cripta. Cuando pensé en ello se me heló la sangre. El lugar estaba muy poco iluminado, había una mesa redonda con algunas fruta dispersas y una jarra con una bebida indefinida. Al fondo había un trono de diseño daédrico y detras podía ver unas columnas con... ¿Esqueletos retorciéndose? Y una suave luz roja sostenida en las partículas de polvo. Miré arriba, había un balcón con figuras doradas de monstruos y entre las figuras. ¡Sus ojos, sus ojos penetrantes! Rápidamente se volteó. Asumí que venía hacia mi, me invadió el terror, me sentí una presa a punto de ser devorada. Ella dibujó su silueta bajando por la escalera en absoluto silencio, casi flotaba. Me quedé petrificado pero tragué saliva y al fin hable haciendo una reverencia.

J –Señora Vistrigoi, es un gran placer para mi que me reciba. Mi nombre es...

T –Jukan Gahbal. Me informaron que ha estado merodeando mi casa. ¿En qué puedo ayudarlo?

Cada palabra de su boca era como una tela de araña que caía sobre mi, cada palabra era como una trampa. –Quería hablar de negocios señora, me crucé con usted la otra noche, cuando se reunieron los patriarcas de la casa Hlaalu. No quise importunarla entonces.

T –No estaba invitado, lo recuerdo, estaba con los sirvientes. ¿Me ofrece negocios? Pase a la biblioteca y hablemos.

Ella entró en una recámara lateral, la biblioteca era pequeña pero los volúmenes parecían antiquísimos. El espacio era avasallado por una estantería daédrica ante la cal habían dos sillas elegantes de diseño extranjero, flanqueaban una mesita con un libro que seguro ella habrá estado leyendo. Hizo un además hacía una de las sillas.

T –Tome asiento y cuenteme su propuesta– Me senté tratando de mantener la compostura, por dentro estaba nervioso y creo que ella podía verme por fuera y por dentro. Me sentía desnudo.

J –Bueno, más bien... Yo soy un agente comercial, recorro Tamriel y trafico con los más elegantes y variados productos que pueden encontrarse.

T –Como todos los comerciantes que se acercan a Narsis o El Duelo. ¿Qué ofrece que los otros no?

J –Tengo contactos, mi familia...

T –¿Gahbal? Es una familia vinculada a la casa Redoran.

J –Está bien informada señora, así es.

T –¿Y me ofreces los servicios de los Redoran, o qué cosa?

J –Claro, eso puede ser, digo que eso es. Protección en las caravanas por ejemplo, preferencia en negocios con los Redoran.

T –¡Patrañas!

J –¿A que se refiere señora?

T –Te diré lo que está pasando. Querías conseguir algún trato con los Hlaalu, quizás convertirte en un agente externo para la casa. Pero traicionaste a tu familia que pone en un pedestal el honor y la disciplina militar. Entonces no tienes nadie que te apadrine, llagaste a Narsis con las manos vacías como tantos otros. Entonces pensaste en usarme a mi para involucrarte con la casa.

J –Este... Pues, así es señora. ¡Y debe reconocer que soy muy osado! Una virtud para un agente comercial.

T –Un agente comercial debe ser discreto, diplomático y conocer de antemano con quienes trata. Tu no tienes esas virtudes.

J –Sé que usted hace favores, cosas que rallan lo legal, sé más cosas de lo que cree señora.

T –¿Es una amenaza?– Entonces me miró a los ojos y se me tensaron los músculos del cuerpo. De algún modo podría decir que era la mano de ella la que hacía latir mi corazón y que podía detenerlo cuando quisiese, estaba a su merced.

J –¡No, para nada, no era mi intención! Yo, quizás no debí importunarla– ¿Pero qué importaba ya? Me había jugado mi destino, le había dado la espalda a mi familia y amigos, no tenía nada y estaba dispuesto a todo. ¿Estaba dispuesto a todo? –Este... Voy a hablar con franqueza...

T –Bien, lo escucho– lentamente pude sentir menos presión sobre mi.

J –Quiero poder... Quiero decir... Sí, quiero vincularme con la casa Hlaalu, soy un buen agente comercial pero hay muchos con los que compito. Quiero que usted me ayude a hacerme una reputación entre los comerciantes y los politicos, y le deberé un favor muy grande. Le deberé... ¡Le deberé la vida!– "la vida", esa palabra se hizo larga mientras la decía. ¿Le estaba ofreciendo mi vida? ¡Qué tonto, ella ya se había apoderado de mi vida!

T –De acuerdo, estas dispuesto a todo y sabes los riesgos de faltar a tu lealtad. Sí, puedo tomar tu vida cuando quiera. ¿Agente comercial dices? Desde ahora lo serás. Te apadrinaré ante la casa Hlaalu y podrás acceder a citas comerciales. Y serás mi representante, la cara visible del Clan Vistrigoi. ¿Sabes que no me gusta salir de día, verdad? ¿Sabes que soy reservada?

J –Lo sé, señora– ¿Su representante?

T –Podrás hablar con la casa Hlaalu en mi nombre, harás otros acuerdos aquí y allá donde yo te diga, confiaré en tu talento. Y si me traicionas te cazaré y te devoraré– Esas últimas palabras sonaron lapidantes, las telas de araña me habían envuelto y la viuda negra estaba frente a mi cara. Tragué saliva.

J –Sí, acepto.

T –¿No tienes oficinas comerciales, verdad?

J –Este, es que acabo de llegar a la provincia y... No, no señora. ¡Pero la conseguiré!

T –No es necesario, el Clan Vistrigoi tiene una oficina comercial en El Duelo, cerca de la posada y del distrito de artesanías. Atenderás ahí a quienes quieran contactarme así no me interrumpirán en mi casa. Ahora ve a la posada del Duelo y espera hasta que envía un mensajero con instrucciones.

J –Sí, a su servicio señora Vistrigoi.

T –Señora Tebras.

J –Señora Tebras– los escalofríos, como mencioné, siempre al mencionar su nombre.


Esperé unos días en la posada, cada mañana y cada atardecer me preguntaba si no era mejor salir corriendo de esa ciudad. Sentía que había hecho un trato con la mismísima Mephala. Pero nunca más en la vida tendría una propuesta como esta. Así que resistí el temor. Y apareció un sujeto, un nordico muy parecido al que custodiaba la casa Vistrigoi, al parecer era un familiar. Me entregó un sobre y una llave y me escoltó a la oficina comercial. También me dijo que él estaría a cargo de la seguridad.

Me instalé en poco tiempo, llené la jaula de posesiones que fui adquiriendo para reventas. En unas pocas semanas se me abrieron las puertas de la casa Hlaalu, puertas de politicos y poderosos comerciantes del Duelo, empezaron a llegar a mi caravanas y empecé a hacer tratos jugosos.

Como era inevitable, me fui enterando de algunos secretos del Clan Vistrigoi, y cada uno de ellos era una nueva soga en mi cuello. No podría decir que me sirviesen para sacar ventaja, lejos de ello eran y son una condena. El Clan Vistrigoi era un clan de vampiros. Cuando "ella" me dijo que por mi falta de lealtad me cazaría y devoraría se refería seguramente a eso, literalmente. Quizás vertería mi sangre en la fuente que alberga en el sotano de su casa y mis huesos terminarían en su patio. Una vez me dijo que sus hermosas flores necesitaban de ciertos abonos especiales... ¡Sus palabras eran como una trampa que tejía a mi alrededor! Yo ya estaba condenado pero el poder me gusta, y me quedo con esta condena.


Recorría los caminos del Duelo, compraba provisiones para un largo viaje junto a mi recientemente contratada guardaespaldas. Había tomado unos pedidos de Aurona y otros de Gelii y la brava Belosi incrementaba su recelo por mi rápido empoderamiento. Me aguardaba un largo viaje como otros, con riesgos, con beneficios, pero ahora con una autoridad que presumir sonriente...

"Agente Comercial de la Casa Hlaalu"


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