viernes, 12 de agosto de 2022

El Ultimo Canto de la Arpia

Fanfiction de Elder Scrolls


Todavía Magnus no iluminaba la cubierta de la "Arpía Celosa", la madrugada nos regalaba una niebla que parecía perfecta para camuflar los caracteres piratas de nuestra embarcación. Sin embargo yo no estaba tranquilo. Un sepultural silencio cubría a nuestra tripulación cómo toda misión de abastecimiento. Siempre es riesgoso acercar demasiado el barco a un puerto. Fue mi error, sospechaba de aquellos que nos traicionaron pero fui blando, al fin y al cabo éramos familia...

Me acerqué a la popa de la Arpía en donde se dibujaba entre la neblina la silueta de mi capitán, Ramdir Mitanra, conocido como El Cantor o en su jueventud como Rami "Voz Gruesa".

R –¡Zori! No te oí hasta tenerte junto a mi– La voz de mi capitán era gruesa y profunda como la de un semi dios que emergía junto al eco de grandes cavernas. Cuando cantaba resonaba en los alrededores y cautivaba los corazones, por eso le decían "El Cantor".
Z –No deberías bajar la guardia capitán.
R –Sobre la Arpía estamos en confianza. Tu deberías relajarte también, todavía no hay riesgos y caminas en total silencio haciéndole honor a tu apodo... "El Sigiloso Zori".
Z –Sigiloso Zor, solo los viejetes me dicen "Zori".
R –¿Soy un viejete, he?
Z –Bueno, tu estas cubierto de arrugas y gris melena.
R –¡Jajaja! Y ya te están saliendo las primeras a ti, Zori, hermanito mío.
Z –Las mías decoran con gracia mi pelo, todavía no soy abuelo.
R –Ya lo serás, y ya serás capitán también. Mi retiro anda cerca, lo siento en los huesos.
Z –Hermano, todavía hay muchos mares para navegar y tus huesos siguen firmes.
R –¿Cómo está la tripulación?
Z –Silenciosa, me da escalofríos.
R –Es normal, estamos muy cerca de la ciudad.
Z –No debimos arriesgarnos tanto. Somos audaces pero no no es razonable burlarnos del destino!
R –"Shh", tranquilo Zori, nuestros mejores hombres están a cargo del trabajo. ¿El grupo está preparado?
Z –Lo está, y yo mismo lo comandaré, no quiero que nada salga mal.
R –¿Tú mismo? ¿Sigues desconfiando de Parson?
Z –Quizás... De cualquier forma es mejor que vaya en persona a coordinar el transporte.
R –Pues bien, Zori, que te diviertas, jajaja!

Poco después estábamos desembarcando. En el grupo estaba "Piernas Cortas" Parson que era nuestro jefe artillero y el hombre de quien más sospechaba. Alguna vez lo había visto rondando guardias y algún armamento que había traído pareció haber sido incautado, cuando lo indagué me dijo que tenía contactos entre los guardias del Convenio. Ramdir confió en él, yo no, pero por mi capitán lo dejé pasar.

También estaban el viejo lagarto "Escamas Saladas", nuestro cocinero. Nuestro médico "El Flaco" Jonanse. Lugo "Brazo Duro", un orco grande y fuerte que hacía de protección en los desembarcos, pondría las manos en el fuego por él. "El Tuerto" Dar'Kalmir, nuestro negociante de cabecera que conseguía los mejores precios. Rorik "Rubio Bello", un nordico formidable con la espada. También nos acompañaban algunos tripulantes rasos para hacer de mulos.

Desembarcamos en una pequeña costa y dejamos a Rorik, me negaba a decir "El Bello" frente a él, al cuidado de los botes junto a algunos hombres. El resto fuimos al pueblo cercano por las provisiones. Teníamos un contacto de Parson que nos habría de proveer de piezas de repuesto para las armas del barco.

Las calles del pueblo estaban casi vacías, solo habían mendigos, extraño. Las ventanas también estaban cerradas y había silencio, no el que resultaba de la ausencia sino el que resultaba de contener el aliento.

Jonanse –Mis hermanos, acá nos separamos, tomaré este otro camino para ir por las medicinas, ya saben, tengo un contacto en el crematorio. Ustedes tres, muchachos fuertes, acompañen a su médico.
Les hice una seña a los marineros –Sí, acompañen al Flaco. ¿Necesitás tres?
J –Nuestra carga no es pesada pero si abultada y varios frascos son delicados, tu entiendes querido.
Z –Pues bien, vayan con el Flaco nomás!– Me lamenté y seguimos avanzando. –¿Escamas, no deberías ir a buscar la comida? Ve con Lugo.
E –Oh, no hay apuro y nuestros caminos están en la misma dirección.
Parson –¿En serio viejo Escamoso? Creo que nuestros caminos se abren en la siguiente esquina.
E –¿Qué vas a saber tu de ingredientes culinarios?– El lagarto se me acercó y me susurró. –Algo no anda bien, Zori.

Era cierto, algo no andaba bien, todos estaban de una u otra forma preocupados. Los que mejor disimulaban eran Dar'Kalmir y Lugo, el primero por que era un gran mentiroso y el segundo por que era duro como aleación de malaquita. Lugo volteó la cabeza y nuestros ojos se cruzaron, pude ver algo en sus ojos, era el instinto de un tigre incursionando en tierras lejanas con sus crías. Asintió con su cabeza, trataba de reconfortarme pero él, Escamas y yo estábamos seguros que iba a pasar algo.

Repentinamente hubo un ruido tras nuestra espalda, volteamos y vimos una cesta rodar y una botella rota. Un muchachito humilde cruzó la calle corriendo y asustado, nos vio pero más bien vio a través nuestro. Sabía algo, se estaba cociendo algo. Estuve a punto de ir a por él pero una palabra latía en mi cabeza y crecía, "emboscada".

Z –¡Prepárense para pelear!

Lugo ya tenía su machete desenvainado y Escamas sostenía listo el mango de su sable. Los marineros iban desenvainando y no lograban entender, pero aunque no leían el aire estaban listos como yo esperaba de mi tripulación. Entonces empezamos a oír pasos fuertes a nuestro alrededor. Al igual que una plaga de cucarachas nos rodearon infantería y las sombras en el suelo me guiaron la mirada a las azoteas, ahí se apuntalaban arqueros que ya tensaban sus armas.

L –Nos acorralaron. ¡Pero son ellos los que van a lamentarlo!
E –Sucios, esto me sabe a veneno– el lagarto miró entre nosotros.
P –¿Donde está el comandante del batallón?– Parson avanzó, Lugo intentó detenerlo pero él esquivó su brazo protector y se puso en frente. Parecía que fuese él y no yo quien dirigía la expedición. –Dije. ¿Donde está vuestro comandante?
–¡Aquí! Comandate Osías– Un guardia con sus respectivos rangos emergió de entre los infantes y se paró frente a Parson. Frente a frente, mirándose.
E –Parson... ¿Qué has hecho?
O –¿Entonces me los trajiste? Ibas a separarlos.
P –Te adelantaste comandante.
E –¿Qué has hecho asqueroso pirata?
L –¿Piernas Cortas, qué está pasando?
Z –Es obvio, nos ha traicionado. ¡Escuchen todos, la cabeza del traidor Parson es mía!
P – Qué ingenuo eres "Zori", estás poniéndote viejo al igual que Rami que ya es un abuelo y le tiembla el pulso.
Z –¡Cierra la boca canalla! ¿Te atreves a burlarte de nuestro capitán en nuestras caras? 
P –Ya venía siendo oportuno, hace bastante tiempo que nos burlábamos de él a sus espaldas.
Z –Ya veo... ¿Cuanto traidores más hay aquí? ¿Tú, gato mentiroso?
D –¿Por qué asumes que Kalmir es un traidor?
E –Por que lo eres.
D –Este gato es un negociante. La Arpía no es lo que era, los tiempos de la piratería ya no son ni gloriosos ni lucrativos, y este amable agente de la ley hizo una muy buena oferta– Mientras que el khajiita hablaba algunos marineros bajaban las armas, algunos otros las entregaban de buena gana a los infantes, pero la mayoría se mantenía a la defensiva acumulando rabia y desconcierto.
E –¿Qué hay del Flaco Jonanse?
D –Mmmm... Les dejo con la intriga.
P –A la mierda, también es un traidor, debe haber entregado a los tres muchachitos a los sables de la ley.
L –Zor, mi hermano, basta de hablar, vamos a cortar cabezas!– Lugo se arrojó sobre los infantes y al instante como una sombra el viejo argoniano desenvainó su sable, yo me encontraba ensartando la panza de un soldado como acto reflejo. Los marineros tardaron unos segundos en reaccionar pero avanzaron, segundos en los que algunos recibieron flechazos letales.

En pocos minutos matamos unos cuantos soldados y cuando quise confrontar a los traidores estos habían desaparecido junto al comandante. Repentinamente una llamarada pasó por mi costado, por el otro uno de mis hombres caía chisporroteando de rayos.
Z –¡Magos, retirada!– Corrimos, no nos quedaba otra. Me mantuve en la retaguardia protegiendo a mis hombres con el escudo bloqueando ataques mágicos constantes. –Asquerosos magos– También llovían las flechas, corríamos, algunos marineros caían. Dimos un par de vueltas y nos encontramos en una terraza separada de otra por varios metros. Solo quedábamos tres, Escamas, Lugo y yo.
E –Zori tiene que llegar a la Arpía– El lagarto le sonrió enérgicamente al orco, entre sus pies ya se juntaba la sangre de las flechas que lo atravezan.
L –Entendido viejo Escamoso– El orco también sonreía cómplice y tosía sangre.
Z –¡Atrás de mi escudo, rápido!
E –¡Ahora!
Lugo gritó como el mismísimo Malacath, se atravezó entre nosotros mientras que recibía flechas y más flechas.
Z –¡Orco estúpido!– Fui a adelantarme y entonces sentí un dolor de un puñetazo en el estómago. –¡Argh! ¿Escamas?
E –Avisa al capitán, salven la Arpía– Mientras el argoniano hablaba Lugo encestaba machetazos en los infantes y entonces la cola de Escamas Saladas me catapultó en el aire.

Caí en la otra terraza, alcancé a levantar la mirada para ver el cuerpo de Lugo caer de rodillas y una explosión calcinar a Escamas. Varias flechas pasaron junto a mi cabeza y la explosión desvió las demás. Ya no había vuelta atrás.

El instinto me guio, mi mente estaba fuera de Mundus y mi cuerpo rendía honor a mi apodo. Me oculté por los callejones. Asumí que mi gente ya estaba muerta, el pueblo estaba lleno de cucarachas de la ley pero yo tenía mi sigilo de ventaja. Fui avanzando y apuñalando por la espalda a cada infante y arquero que me encontraba. Robé un arco y pude dar varias flechas en gargantas y ojos. Al fin desde un balcón pude ver la silueta del comandate. Avanzaba flanqueado por los dos asquerosos magos que torcieron la balanza a su favor, habían matado a muchos de mis hermanos y uno de ellos era el responsable de la muerte de Escamas.

O –¿No encuentran al guardia rojo? ¡Es solo un hombre! No se puede ocultar por mucho tiempo. ¡Vamos, usen sus magias, algo! Un hechizo de detección. ¡Quiero a todos los piratas de la Arpía antes de que termine este día!– Con un seco sonido cayeron los cuerpos de los magos en el piso a los lados del comandante Osias. No alcanzó a voltear, mi cuchillo se apretó contra su garganta.
Z –Si quieres una muerte rápida vas a hablar.
O –¡Hem, hem, no, este, no me mates! No tenemos por qué morir aquíe. ¡Piensalo! El pueblo está lleno de guardias, no saldrás vivo, pero podemos negociar. ¿Qué te parece?– Ya empezaba a sudar.
Z –Los magos están muertos y tu puedes darte también por muerto.
O –¡No! Espera, no tienes donde volver, la Arpía esta siendo emboscada, seguramente ya fue capturada.
Z –Nadie captura fácilmente a la Arpía, nadie captura fácilmente al capitán Ramdir. ¿Quienes más son los traidores?– El comandante habló, dijo los nombres que sabía y tras suplicar por su vida le corté la garganta.

Me escabullí del pueblo y robé un caballo, galopé lo más rápido que pude hasta el punto de encuentro donde estaría Rorik "Rubio Bello". No me sorprendí al no encontrarlo, en su lugar yacían los cuerpos de varios de mis hermanos muertos y huellas de pisadas de guardias. Los botes estaban agujereados. Los prendí fuego junto a los cuerpos de los muertos, nadie más iba a profanarlos. Desde la Arpía pudieron ver el humo. Me arrojé al agua y nadé con las fuerzas que me quedaban en la dirección en que iría la Arpía como punto alternativo de encuentro. Tardé más de lo que hubiese querido pero al fin me rescataron.

Cuando abordé la Arpía el capitán Rami se paró serio frente a mi, bajé la cabeza avergonzado.
Z –Te fallé.
R –¿Qué es lo que ha pasado? ¡Estás lleno de heridas! ¿Donde están mis hombres?
Z –Los que no están muertos nos abandonaron, se entregaron al gobierno por monedas. Escamas Saladas y Lugo Brazo Duro murieron salvándome para que pudiese venir a alertarte. Parson, Jonanse y Dar'Kalmir nos traicionaron. Nos entregaron al gobierno para que nos embosquen. El Rubio Rorik desapareció o también nos traicionó, los hombres a su cargo están muertos.
R –No me lo puedo creer– Por primera vez en muchos años Ramdir el Cantor se sintió desmoronado. –Mi familia, nuestra familia. Esta traición me desgarra el corazón...– Apretó sus puños, se enderezó y gritó con todas sus fuerzas.
Z –Capitán, lo lamento, yo sospechaba de Parson y lo dejé amotinarse– ¡Entonces Ramdir me pegó un sopapo que me dejó tambaleándome!
R –Te acaban de traicionar tus hermanos! No pidas disculpas, no podíamos esperarlo y ahora ya no podemos hacer nada. ¡Las muertes de Escamas, Lugo y nuestra familia leal no serán en vano! Vamos a tomar por sorpresa a la emboscada, como los viejos tiempos. ¡Estos marineros conocerán la furia de la Arpía Celosa!– Su vos firme y profunda resonaba entre todos nosotros los piratas que éramos como sus hermanos menores. Todos los marineras mezclaban la tristeza con la furia y la ansia. Yo tardaba en reaccionar. –¿No vas a cumplir tu trabajo, Zori, pirata perezoso?– Me regañó, todavía no era momento para hundirme...
Z –¡Todos a sus puestos, bajen las velas, carguen las balistas! ¡Somos menos de la mitad, pero uno de nosotros vale por cien de esos marineros cobardes! ¡Nos esperan al menos tres de sus galeones por que no tienen coraje de venir solos, nos los vamos a comer crudos!– Gritaron y corrieron, los piratas estaban haciendo su trabajo– Rami, deben haber más de cinco galeones y deben tener magos, será una pelea difícil.
R –Lo será, hemos tenido otras peleas difíciles, puede que esta sea la peor de todas. Hiciste lo que tenías que hacer.

El vigía desde lo alto del palo nos advirtió que se aproximaban dos galeones. ¿Solamente dos? No, nos estaban tanteando. Nos avisó que habían cuatro siluetas en el horizonte. Avanzamos hacía los adelantados. Apenas estuvieron a tiro giramos la Arpía bruscamente y disparamos las balistas de estribor y la primera tanda de flechas. En el aire nuestras flechas se cruzaban con las flechas enemigas, muchos de nosotros teníamos escudos, muchos otros fueron heridos. Ordené un giro de ciento ochenta grados poniendo a tiro las balistas de babor, disparamos pero las suyas ya nos tenían a tiro. Nos causaron varios daños, los piratas se apresuraron a reparar lo necesario, los de cubierta no dejaban de arrojar flechas. Con un giro de noventa grados nos metíamos entre los dos galeones, era un movimiento suicida. Ordené que se preparasen para abordar luego de disparar las primeras balistas ya recargadas, en el otro lado de la Arpía estaba Ramdir "El Cantor" Mitanra. Había desenvainado su sable y repetía los movimientos que creo yo seguramente habrían visto hacer a un cantor de espadas. Ramdir ordenó que ataquemos, todos oímos su profunda voz, era el retumbar de una divinidad de ultratumba, atacamos uno de los galeones mientras él solo destrozaba el otro con su magia de espada.

Hubiese querido ser su escudo, pero no podía interponerme cuando hacía esa técnica legendaria. Cuando la desataba se volvía inmune a las flechas, pero inmediatamente después, mientras los galeones enemigos se hundían, algunas flechas se clavaron en su cuerpo. La Arpía avanzó en la dirección de los otro cuatro galeones.

Z –¿Ahora qué? No puedes repetir la técnica tan pronto y las balistas no alcanzaran. Debemos salvar a nuestros hombres, tratar de resistir y pasar entre ellos, luego alejarnos.
R –No será posible, mira!
El vigía grito –¡Proyectiles mágicos, fuego, rayos, cúbranse!
R –Zori, mi hermanito, abandona la Arpía con cuantos piratas puedas, yo iré contra los galeones.
Z –No, seguiremos!– Los proyectiles mágicos se estrellaron contra la Arpía. Sus maderas saltaron en pedazos y nuestros hermanos también. Las velas empezaron a arder.
R –Ya no hay vuelta atrás, no podemos salvar el barco, casi todos nuestros hermanos están muertos. Salva a cuantos puedas. ¡Escuchen marineros, les ordeno que abandonen el barco ahora mismo, salven sus pellejos!– La voz de Ramdir nos apaleó, quedé unos segundos en la incertidumbre...
Z –¡Ya oyeron a su capitán piratas, abandonen el barco!– Quedábamos él, la Arpía y yo. –¡Por la libertad, Rami!
R –¿Quieres morir Zori? Serás un gran capitán, abandona la Arpía– Nuevos proyectiles mágicos se alzaban sobre nosotros...
Z –Moriremos juntos.
R –Entonces me harás una promesa.
Z –No hay tiempo.
R –¿No quieres vengarte de los traidores? ¿No quieres vengar a tus hermanos, a tu barco y a mi? Es tu obligación como contramaestre. ¡Vive y venga nuestras muertes! Te estaré esperando en las Orillas Lejanas a que me cuentes como lo hiciste.

Los proyectiles continuaban destrozando a la Arpía, los mástiles estaban derribados y nuestro amado barco ardía. Aun así no se hundía, la Arpía Celos era un barco testarudo. Nos abrazamos por última vez y Ramdir tomó el timón y yo saltaba a las aguas. Mientras caía podía escuchar su profunda y firme voz cantando con potente energía...


Esta fue la historia del último canto de la Arpía.
Pasé estos diez años siendo sigiloso como un traficante. Cacé a la mayoría de los traidores y les di muerte mientras mi barba se teñía de gris. Todavía me faltan dos traidores. Luego, quizás, haga el viaje hasta las Orillas Lejanas y me reencuentre con mi hermano mayor, Rami el Cantor, para contarle como cobré venganza.


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